martes, 13 de septiembre de 2016
Los Diez Bueyes del Zen. Buey 1º.
BUEY 1º: LOS DIEZ BUEYES DEL ZEN.
Esta es la primera parada en el análisis de los versos de Kakuan; en torno al significado de la iluminación en relación con la búsqueda del Buey.
1. LA BÚSQUEDA DEL BUEY.
(Versos de Kakuan)
En los pastos del mundo,
aparto incesantemente las altas hierbas en busca del Buey.
Siguiendo ríos desconocidos,
perdido por caminos que atraviesan montañas lejanas,
me fallan las fuerzas y mi vitalidad se agota, y no puedo
encontrar al Buey.
Al caer la noche, solo oigo el canto del grillo en el bosque.
· Exégesis:
Empezamos desde donde lo verdadero se hace palpable (en cierto sentido), lo más cercano a nosotros, la realidad, esto es, lo que Kakuan nombra como -los pastos del mundo-. Nuestros sentidos, pastan en los estímulos del mundo, y lo que nos parece inimaginable/incomprensible son esas -altas hierbas- en las que buscamos al Buey.
-Los ríos desconocidos- circunnavegan nuestra zona de confort, y en el horizonte de lo personal (de la personalidad) se ven aquellas -montañas lejanas-.
La búsqueda del Buey es una búsqueda per se, y de sí mismo; una introspección tan profunda que se exhala e interpreta de esta forma hacia el exterior, siendo mediada por los versos exquisitos del maestro Kakuan.
Al no encontrarlo en la primera búsqueda, esta misma persiste y se demora, al final, al cerrar los ojos solo se oye los ecos de lo onírico, ese -canto del grillo en el bosque- que más que calmarnos, nos perturba, al fallar nuestra búsqueda en su primer intento.
La búsqueda continua...
[Este texto pertenece al grupo de Facebook de la Sociedad Orientalista de Sevilla (SOS)]
Muchas Gracias.
sábado, 19 de marzo de 2016
El Mundo se deshace, renace.
Desde su cama, en vigilia, veía la ventana; no era muy consciente de lo que pensaba. Su mente pensaba por él. Sus párpados agotados clausuraban su mirada y poco a poco el sueño se apoderaba de él. El Sol entraba por la ventana, le daba en el rostro, pero su sueño no se demoraba. Su mente desmoronada inventaba cosas, cosas extraordinarias. La luz de la ventana entraba en su alma, era único, ese sentimiento, esa ataraxia inefable, no había quietud que la comparara.
Soñaba, y el sol entraba por la ventana. Le acogía, le cuidaba y sin ninguna perplejidad, se despertaba.
*Este texto creado por mí, participa del Proyecto Semanas #1 atribuido al blog http://piel-de-nieve.blogspot.com.es/
Gracias. Carlos García.
viernes, 4 de marzo de 2016
Sopa de Prosa.
Llueve, y de repente, las personas no son personas, por que la prosa que exhalan las apalabran. Sopesan, dudan, y las palabras no son palabras. Las letras se deforman por dicción crónica, y se escupen de la boca, lapidando una sobre otra. Palabras cargadas, pesadas, que acometen silencios sepulcrales; o palabras vacías, carentes, que huelen a insuficiencia.
domingo, 3 de enero de 2016
El Musitar de tu Sueño.
En la noche mientras duermes, mi insomnio inusualmente te escucha. Mi atención se acrecienta con tu palpitar intermitente, como si del aleteo de un pajarito que se acerca, posa y aleja de la rama se tratara.
A veces, dormida dices muchas más cosas que despierta, porque sueñas. Y lo pienso, mi mente revolotea detrás de tu indulgente respirar nocturno. Sin embargo, por mucho que piense mi mente, no puede desgranar la bioelectricidad cerebral que en ese ensueño provoca tus involuntarias inhalaciones, en esa íntima conexión de tus corazón y tus costillas.
Ya decía Calderón que toda vida es sueño, tu sueño también es vida, porque te siento viva igual que en vigilia; pero aquí no gesticulas, tu sencillez se subraya en el simple embiste de la vida contra tus pulmones.
Gracias. Carlos García.
Igv
viernes, 16 de octubre de 2015
Sosiego.
No sé si habrás notado, esa sensación de estabilidad... Pero no aquella que se basa en lo económico, sino en todo lo contrario, esa tranquilidad que no se puede comprar ni vender, una quietud mental que trasciende cualquier cosa que puedas tocar. ¿La sentiste verdad?
Te produce un calambre que no se nota, no tanteas una cosa tan sutil en ese hueco que hay entre neurona, axón y neurona. Es tan leve, que ni tan si quiera unas "Breaking news" pueden levantar tu alma descansada de tu cerebro. Las vísceras descansan... (un momento, ¿vísceras? Una palabra tan patológica no debería estropear este instante), digamos mejor, tu biología, descansa agradablemente sobre su inferior figura que destaca por tus entreabiertos ojos que por nada del mundo dilatarías.
El agua parece tan dura, tan firme, pero realmente sabes que es dúctil como la seda más fina o el contorsionista que sin esfuerzo tuerce su cuerpo en un mohín corporal intenso. La calma tras una tempestad que se siente como una calima que con sus granos de tenue arena rasca la espalda del cielo. Ese sosiego como la ida, antes de que comience del halcón que desde las alturas ya ha oteado a su presa y se abalanza sobre ella elevando el vuelo unos centímetros.
Ese momento en el que miras a los ojos de tus hijos y ves que su pupila se dilata y contrae con la luz, y piensas, que calma, siento su vida desde aquí. Un eterno eco que nunca cesa y entre las montañas circunnavega las altas cumbres que desde nuestro corazón siempre recordaremos. Donde la nieve se mezcla con la roca seca y la orilla no está mojada. Ese beso invisible de los amantes, ese roce roto del celo y la injuria que es igual de sosegado al ser igual de equilibrado. La canica de cristal de un niño que rueda hasta que choca con otra, contra la pared o para de rodar.
Las metáforas se suceden, como las estaciones en el ojo de los hombres.
Gracias. Carlos García.
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