domingo, 14 de febrero de 2010

Libre como la lealtad en campo de amapolas.


Aunque los bosques de bambú son densos, los flujos de agua son libres en ellos.
Es un antiguo proverbio Zen el cual nos refleja nuestra libertad entre la jungla de bambú. Nacemos libres de todo complejo, pero al llegar a cierta edad te vas haciendo preguntas realmente complicadas y que solo puedes resolver tu mismo. Eres libre de todo pero esa libertad te puede llevar a una esclavitud instrínseca, remordimientos incautos de trinchera. Te dejas melena, te cortas el cabello, te maquillas y al final acabas por comprender que todo ello implica tu libertad. Un árbol no tendría vida si no tubiera unas raíces, si no estubiera arraigado al suelo. Somos nosotros mismos los que queremos tener raíces, porque al fin y al cabo no puedes ser un árbol gigantesco con una base y unos principios diminutos, seríamos leña para el fuego, cenizas. Algunas sentencias dicen que la libertad es hacer lo que se quiere, pero la libertad es hacer algo que nos pide el alma que realicemos. Te darías cuenta de que lo irresistible no es más que un nudo mal hecho por la mentira y la sin razón. La lógica nos muestra el cinismo, el cuadrante de nuestra despojada vida, siempre será una prosa mojada por los mares del pasado inexistente. Todos estamos pendientes del péndulo que nos da a ver el equilibrio de ese vaivén mismo, eso es lo que nos hace practicar el civismo. Sindicato sin dueños ni apodos inservibles, eso es nuestro corazón el cual nos dicta lo que es mejor para un ser nómada. Esperanza es lo que guía a la humanidad por un camino de ilusión por un mejor mañana para nuestra propia existencia. Tendencias nos hacen decir palabras vagamente repletas de bondad, como si de dolor se tratara. Tarta con velas encendidas como cumpleaño de idas y venidas, soplamos ignorando el deseo, pues ya lo tenemos, nuestra propia vida. Hemos acatado las normas del engaño y hemos emancipado la verdad, como si de ciervo en coto de caza privada se concertara. Citamos al amor, para amar a otro ente cuando debemos amarnos a nosotros mismos, sin muestra de egolatría. Soberanía inefable es el afable reflexionar, el condenar que nos lleva a la locura es el pensar. La mente puede actuar con artificios por ello nos metemos cabezazos contra el quicio en vez de entrar siguiendo nuestro propio oficio interno por la puerta de nuestra veracidad. Somos deidades con amnesia, iclusive con la incoherencia de dejar nuestra herencia como algo pasado a un lado apartado de nuestro saber, parece ser nuestro deber. Fraudulentos nos volvemos al dirigir la mirada al camino equivocado por bocado de menesteres sagrados. Siempre intento hacer un vado apropiado hacia otro estado adecuado del propio ser alado de nuestro interior. Aquí dejo un texto que os deja un visado a la evolución como dicha, evitando la desventura llamando a la sana locura. Gritemos...
¡No a la desdicha!

Gracias. Carlos García Claros.

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